La religión de las 'beauty junkies', las yonkis del maquillaje

La religión de las 'beauty junkies', las yonkis del maquillaje

Sasaweis, yuya y aishawari. Ante estos vocablos, posiblemente la mitad de los lectores piensen que estamos invocando a algún espíritu de la ayahuasca. La otra mitad, directamente, creerá que hablamos de cosas deHarry Potter. Sin embargo, si te encuentras dentro del cada vez menos exótico grupo de mujeres que sabe a qué nos referimos, entonces, enhorabuena, eres una beauty junkie, o lo que es lo mismo: una auténtica yonqui de los cosméticos.

Pero ¿cómo identificar a las fanáticas de esta nueva religión? Lo cuenta precisamente Wende Zomnir, fundadora de la firma Urban Dacay y autoproclamada madre de las adictas a la cosmética. «Un yonqui es una persona con una adicción insaciable y yo, ¡yo soy adicta al maquillaje! Las beauty junkies no nos maquillamos para impresionar a la gente, para enmascarar inseguridades o para ganar la ansiada Instafama. Lo usamos porque, simplemente, nos encanta».

En otras palabras: chicas adictas a jugar con el maquillaje, alocadas y sin demasiados complejos. O sea, como el Joker de Heath Ledger, pero sin estar de la olla (y, bastante a menudo, con mejor resultado).

El caso de Wende es el claro ejemplo de una adicta al maquillaje que decidió ir un paso más allá. Pero son ya varias las yonquis que, hartas de no encontrar muchos de los productos que necesitaban para satisfacer su vicio, se han lanzado al mundo empresarial -ojo, seguimos hablando de maquillaje, ninguna se ha marcado un Walter White que sepamos-.

De estética romántica y gótica, la firma Kat Von D refleja a la perfección la personalidad de su creadora, Katherine Von Drachenberg; otra pionera que decidió suplir las carencias del mercado con sus propias creaciones. Hoy, la mexicana vende sus productos en medio mundo a través de Sephora. «Tengo un alto grado de respeto por los maquilladores, pero no me considero una de ellos. De hecho, es el público que más me intimida», explica la empresaria al hilo de su irrupción en el mundo de la cosmética.

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La religión de las 'beauty junkies', las yonkis del maquillaje

Por el momento, en España, el fanatismo lo focalizamos en otro tipo de menesteres -a saber, gintónics premium- y por el momento no nos consta que la fiebre haya calado de forma generalizada. Sin embargo, desde su canal de Youtube (Isasaweis) la asturiana Isabel Llano acerca el mundo de la belleza a mujeres reales que, sin ser maquilladoras profesionales ni modelos, aprenden a resaltar la mejor versión de sí mismas o, en su defecto, a pintarse la raya del ojo sin terminar pareciendo un mapache.

«Empecé con el maquillaje porque un día vi un vídeo tutorial y me animé a probar suerte sin ninguna pretensión. Me gusta la cosmética, pero no me considero forofa. Como con todo, cuando te especializas, empiezas a disfrutarlo más, pero ni yo, ni ninguna de mis seguidoras, que yo sepa, son adictas a la cosmética», cuenta la videoblogger.

En cuanto a tendencias, ahora mismo lo que lo peta en la secta de las discípulas de la cosmética -además de llegar a rastras a fin de mes- es el perfeccionamiento de la omnipresente técnica del contouring (que para los que hayan estado viviendo en un búnker, consiste en jugar con diferentes tonos de maquillaje para resaltar los rasgos).

Pero si hay un producto que define a las beauty junkies por antonomasia, esas son las paletas de sombras. Olvídate de dúos cromáticos de bolsillo, si quieres maquillar como una verdadera profesional, necesitarás sustituir el clutch por un trolley, porque las armas en este juego se presentan en forma de gamas de color y brochas. Muchas brochas.

Imprescindibles también son los productos específicos que ayudan a que la experiencia casera se vuelva casi profesional -más allá depende ya de la pericia de cada una pasar a primera división. Best sellers como la Eye Shadow Primer Potion de Urban Decay, que fija la sombra de ojos e impide que se desplace, o el tattoo linerde Kat Von D, que perfila el ojo y permanece intacto todo el día, son indispensables en los neceseres de estas profesionales de a pie.

Yo, por mi parte, ya me he alistado a la beauty army, tengo las uñas de gel a remojo y espero mejorar mi pulso de taquígrafa en los próximos meses. Especial atención hay que prestar también al ya mencionado arte del contouring, para lograr el ansiado efecto Kim Kardashian y no el de Chip, de Chip y Chop. Pero más allá de los pequeños contratiempos propios de la principiante, en el mundo de las beauty junkies todo son ventajas, y caras bonitas. Ya sólo queda rezar para que no te lleven a la piscina en la primera cita.