Las primeras joyas del cine español

Las primeras joyas del cine español

Las primeras joyas del cine español

Aunque hay testimonios de la existencia de rodajes anteriores como ‘Salida del público de la iglesia parroquial de Santa María de Sans’ que hizo Fructuoso Gelabert en 1896, y varias películas que rodó en 1897 y 1898 el fotógrafo coruñés José Sellier Loup (como el ‘Entierro del General Sánchez Bregua’ y ‘Desembarco de los heridos de Cuba en nuestro puerto’), el documental más antiguo de la historia del cine español que se conserva es una grabación realizada en 1899 por el aragonés Eduardo Jimeno Correas, titulada ‘Salida de la misa de 12 de la iglesia del Pilar de Zaragoza’. Era una emulación de lo que habían venido haciendo los Lumière en sus primeras grabaciones: ‘Salida de los obreros de una fábrica’, ‘Llegada de un tren a la estación’, etc. Las primeras películas rodadas en España recogían este tipo de acontecimientos junto a celebraciones de fiestas y actos culturales y políticos, episodios trágicos como inundaciones o accidentes, y actos sociales.

Las primeras joyas del cine español

La primera película de ficción que hizo un realizador español fue incluso anterior a la salida de la misa del Pilar de Jimeno Correas, aunque no se conserva. Se trata de ‘Riña en un café’, y tiene fecha de 1897. La rodó Fructuoso Gelabert con una cámara que él mismo había fabricado. Ante el deterioro de este primer documento cinematográfico, el mismo Gelabert volvió a rodar una nueva versión en 1952, que es la que se conserva. Gelabert ratificó la fecha de 1897 de la primera versión en un artículo de la revista Primer Plano publicado en 1940.

Las primeras joyas del cine español

El documentalismo y la ficción fueron los géneros que a partir de estos primeros años nutrieron el cine español, como ocurría en las cinematografías de todo el mundo. En muchas ocasiones, al no disponer de imágenes reales, los cineastas recreaban acontecimientos que habían sucedido con actores profesionales y con maquetas muy perfeccionadas. Es el caso de un accidente de ferrocarril reconstruido en ‘Choque de trenes’ (1902) por Segundo Chomón, uno de los cineastas más importantes de la historia internacional del cine. Chomón era un genio del montaje y de los efectos especiales, y fue el primero que coloreó a mano los fotogramas de algunas de sus películas. En la recreación del asesinato en 1912 de José Canalejas el actor Pepe Isbert encarnaba al asesino Manuel Pardiñas.

Aunque el potencial de la ficción ya estaba en algunas de las primeras tomas de los Lumière como en ‘El regador regado’, en la que se utilizan las posibilidades del nuevo medio para la expresión lúdica, las primeras películas de larga duración no aparecieron hasta los primeros años del siglo XX con cineastas como Georges Méliès (’Viaje a la luna’, 1902) y el americano Edwin S. Porter (’Asalto y robo de un tren’, 1903), que iniciaron una naciente industria cultural con géneros diversos: deportivo, erótico, de acción, humorístico, dramático... En España el teatro y la zarzuela fueron las principales fuentes de los guiones del primer cine de larga duración, que concentró su industria en la ciudad de Barcelona gracias a cineastas catalanes como Gelabert, Chomon y Ricard Barrios. En los primeros veinte años del siglo ya había 28 productoras de cine en España, la mayor parte en Cataluña, que estrenaron más de 240 películas. Durante la Dictadura de Primo de Rivera la naciente industria del cine se trasladó a Madrid, que sustituyó a Barcelona, Bilbao y València como sedes centrales del nuevo medio. En Madrid comenzó una poderosa industria cinematográfica apoyada por empresarios como Eduardo Gimeno, propietario del cine Proyecciones, y Estanislao Bravo, de la sala Flor, donde se estrenaban las obras de Enrique Blanco (’El modelo de virtudes’), Fernando Delgado (’Viva Madrid, que es mi pueblo’), Alberto Arroyo (’Pilar Guerra’) o Manuel Noriega (’Problema resuelto’). Las películas folclóricas y los dramas populares nutrieron las principales producciones cinematográficas de los años 20 y llevaron al estrellato a directores como Florian Rey y Pérez Lugín, actrices como Imperio Argentina y Carmen Viance, y actores como Pedro Larrañaga, Miguel Ligero y Marcial Lalanda, protagonistas de películas como ‘La verbena de La Paloma’ de José Busch, ‘La casa de la Troya’ de Lugín y ‘La aldea maldita’ de Florian Rey, todas ellas mudas.

El primer largometraje del cine sonoro español fue ‘El misterio de la Puerta del Sol’, de Francisco Elías, una película de 1929 que sólo se pudo proyectar en las pocas salas que estaban habilitadas con equipos para reproducir el sonido. Algunas de las primeras cintas del cine sonoro español fueron recreaciones de grandes éxitos de la etapa del cine mudo, como ‘Morena Clara’ (1936) en una nueva versión de Florian Rey, o ‘La verbena de La Paloma’ (1935), ahora dirigida por Benito Perojo, que iniciaron en España una edad de oro que floreció durante la Segunda República con obras de Luis Buñuel, Luis Marquina, Edgar Neville o Rosario Pi, y que la guerra civil, como tantas otras cosas, vino a interrumpir abruptamente.