La vida de una bloguera: 4.000 euros por una foto en Instagram

La vida de una bloguera: 4.000 euros por una foto en Instagram

Gala González tiene el caché más alto de las blogueras de moda españolas.La vida de una bloguera: 4.000 euros por una foto en Instagram La vida de una bloguera: 4.000 euros por una foto en Instagram

A caballo entre Londres, Nueva York y su Coruña natal, ha trabajado como DJ, directora creativa y presentadora.

Aprendí que la elegancia es imposible de copiar después de invertir parte de mi adolescencia en imitar -sin demasiado éxito- el cruce de piernas de mi madre. Yo también quería cruzarlas danzando. Más tarde -ya con mis primeros ahorros- me di cuenta de que la elegancia tampoco se puede comprar. Ni dejándome el sueldo en un blazer de Chanel, la mismísima Coco me hubiera regalado el calificativo de elegante.

A Gala González, en cambio, Coco se lo hubiera otorgado hasta con zapatillas de andar por casa. Y no porque a sus 30 años sea una de las 10 blogueras más influyentes del mundo, sino porque como dice una de sus fans: «Gala nació elegante».

Hace tiempo que dejó de ser sobrina de -su tío es Adolfo Domínguez-. Los números lo certifican: 407.000 resultados en Google, 688.000 seguidores en Instagram, otros 313.000 en Facebook y más de 80.000 en Twitter. «Ninguno comprado. Prefiero la calidad a la cantidad», puntualiza. Gala crea tendencia, las firmas de moda lo saben y por eso llevan tiempo reservándole un sitio en la codiciada primera fila de los desfiles más importantes del mundo.

Nos recibe en Barcelona, donde ha viajado desde Nueva York, ciudad en la que vive desde hace un año, para acudir a la boda de una amiga. Se excusa porque se encuentra mal -se intoxicó cenando en un restaurante japonés- y mientras posa delante del objetivo me acuerdo del consejo de otra de sus fans:

Me han dicho que no te gusta que te llamen bloguera...
Porque soy influencer. Y eso es algo que va más allá de un blog. El término bloguera tiene a menudo una connotación despectiva.
¿Cuánto tiempo hace que no vas de compras?
En realidad no hace tanto. Aunque me regalan mucha ropa suelo comprarme zapatos y bolsos. Si te digo que tengo más de 100 pares de zapatos es poco. Y bolsos, otros tantos.
¿Sabrías distinguir un Louis Vuitton auténtico de una falsificación?
[Ríe]. No he tenido oportunidad de compararlos.

Viéndola cuesta creer que sólo tarde tres minutos en arreglarse. «Saber mezclar es donde reside el estilo. No hace falta vestirse de marca para vestirse bien». La facilidad que tiene para combinar prendas de grandes firmas con básicos que están al alcance de cualquiera es su don. Gala lo sabe y lo explota. Y las marcas ven en ella el escaparate perfecto. Su caché es el más alto de España: puede llegar a cobrar 2.000 euros por mencionar una marca en un tuit. Y más de 4.000 euros por fotografiarse en Instagram. Hasta Tommy Hilfiger la contrató para que ejerciera de modelo en el 30 aniversario de la compañía.

¿Por qué crees que prefieren invertir en tus opiniones antes que en una campaña publicitaria?
Porque ambas cosas son necesarias. Influye el trabajo bien hecho; intereso porque tengo un contenido auténtico.

La vida de una bloguera: 4.000 euros por una foto en Instagram

Habla con soltura y aunque en ocasiones puede parecer algo superficial -«Para una fashionista como yo todo es esencial»- no lo es: «En una foto puedes ser quién quieras ser. Tengo que distinguir entre el mundo exterior y el mundo interior. El día que deje de hacerlo habré fallado como persona».

Gala González es mucho más que una it girl. A los 18 se mudó a Londres para estudiar moda en Saint Martins, la misma escuela en la que Galliano o McQueen empezaron a dibujar sus primeros patrones. Allí, y a través de un Fotolog, empezó a dictar tendencia. «Ya no me interesaba sólo diseñar».

Cuando entró en Saint Martins ya había diseñado y lanzado su primera colección para Adolfo Domínguez, la empresa familiar. Le bastó un poco de imaginación y mucho atrevimiento para revolucionar la línea joven del negocio de sus tíos. «Lo tenía todo para quedarme instalada, pero tanto en la moda como en la vida, hay que arriesgar».

Hablando de arriesgar: ¿Todo es combinable?
Nunca combinaría un escote con una minifalda.

Dice que si enseñas pierna es mejor tapar el escote y que, si le dan a elegir, ella siempre apuesta por enseñar pierna. Cuestión de elegancia.

¿Las tendencias se pueden adaptar a cualquier cuerpo?
Sí, pero necesitas ser realista y conocer bien ese cuerpo. Es una cuestión más de sensibilidad que de presupuesto o de forma.

Habla con vehemencia de un mundo que para ella es una necesidad. «La moda es arte. Es una forma de comunicación y expresión. Puede ser superficial pero me entretiene». Y cuenta que tiene tres armarios, uno en cada ciudad en la que vive: «En mis casas de Londres y Nueva York tengo prendas para mi día a día. En A Coruña guardo las que tienen un significado especial». Confiesa también que echa mucho de menos su tierra. «Después de 12 años viviendo en Londres, imagínate. Mira si la echo de menos que me he tatuado la palabra morriña».

Su asistente la interrumpe para recordarle que el médico ha llegado y que van con el timing justo. Se excusa, y mientras coge el periódico ojea la portada, una foto en la que aparecen los cuatro líderes políticos que llevan meses intentando formar gobierno: «Lo que más me llama la atención es el color de los trajes de Albert Rivera. Suele recurrir al gris claro, que no le aporta nada. Claramente podría sacarse más partido». Palabra de influencer.